

La ruta clásica de Japón: neón y tradición en perfecta armonía, de templos milenarios a rascacielos del futuro.
Desde 2.600€ /persona
Este es el viaje que todo amante de Japón sueña. Tokio con su energía imparable y sus barrios que parecen de otro planeta, Kioto donde el tiempo se detuvo entre templos y geishas, y Osaka con su alma gastronómica y su espíritu festivo.
10 días perfectos para descubrir un país que vive entre dos mundos: el pasado más refinado y el futuro más sorprendente. Desde el santuario Meiji hasta TeamLab Borderless, desde los torii de Fushimi Inari hasta el bullicio de Dotonbori.
Una propuesta que puedes personalizar
Empieza tu aventura. Cruzas medio mundo y al aterrizar todo será diferente: los sonidos, los olores, la delicadeza en cada detalle. Japón te espera.
Aterrizas en Narita o Haneda y la ciudad te absorbe. Traslado al hotel, primer paseo por el barrio y cena en un izakaya donde la carta está en japonés y eliges señalando, como se hace aquí. Bienvenido a Japón.
Dos Tokios en un solo día. Sensoji al amanecer, con incienso flotando entre farolillos rojos y el murmullo de los rezos. Paseas por Nakamise, cruzas el río y cambias de siglo: Akihabara te recibe con seis pisos de manga, máquinas de arcade retro y luces de neón hasta donde alcanza la vista. Al anochecer, la Skytree ilumina la ciudad desde 634 metros.
Del bosque sagrado de Meiji Shrine sales a Harajuku, donde la moda no tiene límites. Takeshita Street explota de color. Al atardecer, el cruce de Shibuya: miles de personas cruzando a la vez mientras los edificios parpadean. Y después, TeamLab Borderless en Azabudai Hills para perderte en salas de arte digital sin paredes ni límites.
El tren bala atraviesa Japón a 300km/h. En 2 horas y media cambias de época: de los rascacielos a los templos. Por la tarde, los 10.000 torii rojos de Fushimi Inari. Subir la montaña entre puertas bermellón mientras cae el sol es pura magia.
El crujido del bambú sobre tu cabeza. Tenryu-ji y su jardín zen perfecto. El río Ōi con sus barcas tradicionales. Te vistes de kimono y paseas como hace siglos. Si queda energía, el puente Togetsukyo al atardecer y cenar en Saga, el barrio tranquilo al otro lado del río.
El templo sobre pilares de madera con vistas a toda la ciudad. Bajas por Ninenzaka y Sannenzaka, calles empedradas con tiendas de dulces y cerámica. Maruyama Park, si es primavera, tiene el cerezo llorón más fotografiado de Japón. Al atardecer, los callejones de Gion cobran vida: faroles encendidos, casas de madera y, si tienes suerte, una maiko cruzando la calle camino de una casa de té.
30 minutos de tren y cambias de ritmo. Osaka es ruidosa, divertida, sin pretensiones. El castillo dorado entre jardines por la mañana, Shinsekai con sus torres retro y kushikatsu frito para comer. Y al anochecer, Dotonbori: el Glico Man, los cangrejos gigantes y los carteles de neón reflejados en el canal. Osaka es la capital de la comida callejera y esta noche lo vas a comprobar.
Tu último día completo en Japón es tuyo. Puedes empezar en Kuromon, el mercado donde los chefs de Osaka compran el pescado cada mañana, y probar sashimi, uni y brochetas de wagyu entre puestos. Después, el barrio de Namba para las últimas compras, Amerika-mura si buscas vintage, o simplemente perderte por callejones que no salen en ninguna guía. Última noche japonesa: elige el mejor restaurante que hayas visto estos días y repite.
Últimas compras en el aeropuerto de Kansai, último matcha latte, última reverencia. Vuelves con la maleta llena de Kit Kats raros y la cabeza llena de imágenes que no olvidarás. Japón cambia a quien lo visita.
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